jueves, 19 de febrero de 2026

 

 

 Salud mental y resiliencia psicosocial en desastres en curso

Un enfoque transdisciplinario para la Gestión Integral del Riesgo


 DOCENTE VOLTAR VARAS VIOLANTE

 ALUMNO JOSÉ RAFAEL MOYA SAAVEDRA

 4TO. CUATRIMESTRE DOCTORADO

19 DE FEBRERO DE 2026

Salud mental y resiliencia psicosocial en desastres en curso

Un enfoque transdisciplinario para la Gestión Integral del Riesgo

Introducción

La Gestión Integral del Riesgo (GIR) ha transitado desde modelos centrados en la infraestructura física y la respuesta operativa hacia enfoques que reconocen la dimensión social del desastre (Lavell, 2003; UNDRR, 2015). Sin embargo, incluso en esta evolución conceptual, la salud mental ha permanecido con frecuencia en un segundo plano, tratada como consecuencia colateral y no como variable estratégica estructural.

Las emergencias contemporáneas —particularmente aquellas de carácter prolongado como la pandemia por COVID-19— han evidenciado que el impacto psicosocial puede ser tan determinante como el daño físico o económico (World Health Organization [WHO], 2022). En contextos donde el desastre ya se encuentra en curso, la estabilidad emocional colectiva se convierte en condición indispensable para la toma de decisiones racional, la cohesión comunitaria y la eficacia institucional.

Este ensayo se inscribe en una revisión teórica integradora de carácter transdisciplinario, articulando aportaciones de la sociología del riesgo, la psicología del desastre, la neurociencia del estrés y los estudios de gobernanza. Se sostiene que la salud mental debe incorporarse como eje estructural de la resiliencia institucional en escenarios de amenaza prolongada. El propósito es avanzar hacia un modelo de gobernanza del riesgo que reconozca la salud mental como infraestructura estratégica en desastres en curso.

1. Vulnerabilidad psicosocial: la dimensión estructural invisible

El riesgo ha sido conceptualizado como una construcción social en la cual la vulnerabilidad desempeña un papel determinante en la producción del daño (Beck, 1992; Douglas, 1982; Lavell, 2003). Desde esta perspectiva, la amenaza no opera de manera aislada, sino mediada por condiciones históricas, institucionales y culturales que configuran exposiciones diferenciales.

Tradicionalmente, la vulnerabilidad ha sido asociada con factores socioeconómicos, fragilidad estructural o exposición territorial. No obstante, existe una dimensión menos visible pero igualmente crítica: la vulnerabilidad psicosocial.

La vulnerabilidad psicosocial comprende factores emocionales, cognitivos y culturales que influyen en la capacidad de una población para enfrentar la adversidad. Incluye creencias sobre el riesgo, percepción de control, patrones de afrontamiento, estigmatización de la ayuda profesional y densidad del capital social (Norris et al., 2008).

Durante la pandemia por COVID-19, múltiples estudios documentaron deterioro emocional asociado a aislamiento prolongado, incertidumbre económica y sobreexposición informativa (WHO, 2022). Este fenómeno confirmó que el desastre no solo impacta estructuras físicas, sino que erosiona progresivamente la estabilidad emocional colectiva.

En contextos de violencia crónica o desplazamiento forzado, el “desastre” no se manifiesta como evento súbito, sino como amenaza prolongada. La exposición reiterada a entornos de inseguridad genera estrés acumulativo, fragmentación del tejido social y normalización de la hipervigilancia. En estos escenarios, la vulnerabilidad psicosocial se vuelve estructural y permanente.

Cuando esta dimensión no es atendida, se produce un efecto cascada: disminuye la confianza institucional, proliferan rumores y se debilita la adherencia a medidas preventivas.

2. Resiliencia como proceso dinámico relacional

La resiliencia ha sido definida como la capacidad de resistir, adaptarse y recuperarse frente a la adversidad (Bonanno, 2004). Sin embargo, la literatura contemporánea subraya que no constituye un rasgo fijo, sino un proceso dinámico influido por factores contextuales, comunitarios e institucionales (Norris et al., 2008).

En situaciones de desastre súbito, la activación emocional puede ser intensa pero temporal. En emergencias prolongadas, el estrés sostenido produce fatiga decisional y desgaste cognitivo.

Desde la neurociencia del estrés se ha documentado que la exposición prolongada a niveles elevados de cortisol altera procesos de memoria, atención y regulación emocional (McEwen, 2007; Sapolsky, 2015). Este deterioro tiene implicaciones directas en la capacidad colectiva de procesar información y sostener decisiones racionales durante crisis extendidas.

Por tanto, la resiliencia psicosocial debe entenderse como proceso relacional e institucional, no como fortaleza individual. Depende de redes de apoyo, liderazgo confiable, coherencia narrativa y estructuras adaptativas que permitan amortiguar el impacto emocional.

3. Comunicación del riesgo y regulación emocional colectiva

La comunicación del riesgo constituye un puente entre conocimiento técnico y acción social. Su eficacia, sin embargo, depende de la percepción subjetiva del peligro y del nivel de confianza institucional (Slovic, 1987).

En contextos de ansiedad crónica, la recepción de mensajes preventivos puede distorsionarse. La información técnica, si no es acompañada de reconocimiento emocional, puede generar negación o pánico.

La literatura en gestión del riesgo subraya que la comunicación efectiva debe incorporar claridad, coherencia y consistencia narrativa (UNDRR, 2015). Desde una perspectiva psicosocial, ello implica también reconocer explícitamente el miedo colectivo y ofrecer acciones ejecutables.

Una comunicación empática fortalece la percepción de control y reduce incertidumbre. En este sentido, la salud mental deja de ser un asunto exclusivamente clínico para convertirse en componente estratégico de gobernanza.

4. Enfoque transdisciplinario

La integración de la salud mental en la GIR exige una concatenación de disciplinas:

  • La sociología del riesgo explica la construcción social del peligro (Beck, 1992).
  • La psicología del desastre estudia trauma y afrontamiento (Bonanno, 2004).
  • La neurociencia del estrés analiza la respuesta fisiológica prolongada (McEwen, 2007).
  • La salud pública dimensiona impactos poblacionales (WHO, 2022).
  • La GIR operacionaliza estrategias preventivas (Lavell, 2003; UNDRR, 2015).
  • La teoría política advierte riesgos de instrumentalización (Foucault, 1976; Agamben, 2005).

Este entramado confirma que la resiliencia psicosocial no es fenómeno exclusivamente terapéutico, sino sistémico e institucional.

5. Salud mental como infraestructura invisible

Si la infraestructura física sostiene la seguridad material, la salud mental sostiene la capacidad decisional colectiva. Puede hablarse, en este sentido, de una infraestructura invisible que condiciona la eficacia de cualquier plan de emergencia.

Comunidades con alta saturación emocional presentan menor adherencia a protocolos, mayor polarización y menor cooperación social (Norris et al., 2008). Por el contrario, poblaciones emocionalmente contenidas muestran mayor cohesión y cumplimiento institucional.

Esta perspectiva desplaza la salud mental del ámbito residual al ámbito estratégico.

6. Empoderamiento comunitario y capital social

El capital social ha sido identificado como amortiguador clave del impacto psicológico en desastres (Norris et al., 2008). La resiliencia emocional colectiva se fortalece cuando se legitima la expresión de vulnerabilidad y se garantiza acceso a recursos profesionales.

La GIR debe integrar la salud mental como componente estructural del empoderamiento comunitario, no como intervención tardía.

7. Implicaciones para la política pública

Incorporar la salud mental como eje estratégico implica:

  • Protocolos de comunicación sensibles al trauma.
  • Inclusión de apoyo psicosocial en planes de respuesta.
  • Capacitación de voceros en regulación emocional colectiva.
  • Sistemas de monitoreo continuo de bienestar psicosocial.

El monitoreo continuo —mediante encuestas breves, análisis de demanda de servicios y plataformas digitales— permite retroalimentación adaptativa. Sin estos mecanismos, la política pública permanece en lógica reactiva.

8. Riesgos de instrumentalización

La integración de la salud mental en la GIR no está exenta de riesgos. Si se concibe únicamente como herramienta de estabilización social, puede derivar en formas de biopolítica orientadas al control emocional de la población (Foucault, 1976; Agamben, 2005).

Evitar esta reducción exige anclar intervenciones en marcos de derechos humanos, participación comunitaria y rendición de cuentas.

Conclusión

En escenarios de desastre en curso —pandemia, violencia crónica o degradación ambiental— la resiliencia institucional no depende exclusivamente de infraestructura reconstruida, sino de la capacidad emocional colectiva para sostener decisiones racionales y cooperación social.

Desde esta perspectiva emerge la pregunta central de investigación:

¿De qué manera los modelos de convergencia público-privada en la Gestión Integral del Riesgo pueden integrar la salud mental como componente estructural de resiliencia institucional en escenarios de desastre en curso, evitando su instrumentalización como tecnología de control?

Referencias

Agamben, G. (2005). State of exception. University of Chicago Press.
Beck, U. (1992). Risk society. Sage.
Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and resilience. American Psychologist, 59(1).
Douglas, M. (1982). Risk and culture. Routledge.
Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad I. Siglo XXI.
McEwen, B. (2007). Physiology and neurobiology of stress. Physiological Reviews.
Norris, F. H. et al. (2008). Community resilience. American Journal of Community Psychology.
Sapolsky, R. (2015). Why zebras don’t get ulcers. Holt.
Slovic, P. (1987). Perception of risk. Science.
UNDRR. (2015). Sendai framework.
WHO. (2022). Mental health and COVID-19.

Declaración de uso de herramientas de IA
Este trabajo fue concebido, estructurado y redactado por el autor. Se utilizó una herramienta de inteligencia artificial (Perplexity, modelo GPT-5.1) únicamente para apoyo puntual en la mejora de redacción y en la formulación inicial de algunos párrafos de las secciones "Implicaciones para la política pública" y "Riesgos de instrumentalización". Todo el contenido fue revisado, adaptado y validado por el autor, quien asume la responsabilidad plena sobre las ideas y argumentos presentados

 


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