sábado, 5 de julio de 2025

 

 

"Lenguaje, riesgo y algoritmos: la comunicación de desastres en la era de la inteligencia artificial. Análisis del caso Huracán Otis en Acapulco"

 

Materia: Dinámicas Socioculturales y Comunicación Estratégica en la Gestión de Riesgos

Prof. Myrna Rivas Garcia 

Alumno: Mtro. Jose Rafael Moya Saavedra

Índice

1. Resumen / Abstract

2. Introducción

3. Marco teórico-conceptual

4. Análisis del caso: Huracán Otis en Acapulco (2023)

5. Resultados y hallazgos del estudio

6. Propuesta de lineamientos éticos y comunicacionales

7. Conclusiones y recomendaciones

8. Referencias bibliográficas

9. Anexos

   9.1. Instrumentos aplicados

   9.2. Gráficas y visualización de resultados

   9.3. Ejemplos de mensajes institucionales analizados

 

 

Resumen (Abstract):

Este artículo analiza el papel de la inteligencia artificial (IA) en la comunicación de riesgos y desastres, tomando como estudio de caso el huracán Otis en Acapulco (2023). Desde una perspectiva sociocultural y hermenéutica, se examinan las tensiones entre tecnología, lenguaje y percepción social del riesgo. A través de una metodología mixta —que integra análisis de contenido, entrevistas semiestructuradas, encuestas y revisión crítica del discurso institucional— se demuestra que, aunque la IA puede optimizar los procesos comunicativos en emergencias, también puede amplificar desigualdades, generar desconfianza o vaciar de sentido los mensajes si se utiliza al margen del contexto cultural y ético. Se concluye que una comunicación de riesgo efectiva en la era algorítmica debe ser técnica y encarnada: centrada en las personas, sostenida por el cuidado, y capaz de convocar tanto a la acción como a la esperanza compartida.

1. Introducción

Palabras para no rendirse: percepción, narrativas y resiliencia en la comunicación de riesgos

El caso del huracán Otis y la inteligencia artificial en tiempos de incertidumbre

En el corazón de la gestión del riesgo no se encuentra únicamente la capacidad técnica de medir variables ni la eficiencia institucional para activar protocolos. Allí, en el centro invisible y a menudo subestimado de toda política de protección, está la percepción del riesgo: un entramado de símbolos, miedos, memorias y narrativas que configuran la manera en que los sujetos y las comunidades viven, interpretan y responden a las amenazas. No basta con alertar: es necesario que el mensaje toque el nervio de la experiencia humana.

El huracán Otis, que devastó Acapulco en octubre de 2023, no solo puso en evidencia las fallas estructurales en los sistemas de prevención y respuesta; también expuso una grieta más profunda: la brecha entre el lenguaje institucional y el lenguaje del dolor, entre la estadística y el miedo real. En este contexto, la irrupción de la inteligencia artificial como herramienta de comunicación representa tanto una promesa como un riesgo: ¿puede una máquina entender lo que significa perderlo todo en una noche? ¿Puede optimizar la alerta sin vaciarla de humanidad?

Este artículo analiza cómo la percepción social del riesgo, las narrativas mediáticas y el uso emergente de inteligencia artificial configuran la comunicación de riesgos y desastres en América Latina, tomando como caso el huracán Otis. Se parte de la premisa de que el riesgo no es solo una categoría objetiva, sino también una construcción social, cultural y lingüística. De ahí que la gestión de riesgos requiera tanto mapas como metáforas.

Objetivo general

·       Explorar de qué forma la inteligencia artificial y las estrategias narrativas influyen en la percepción y gestión del riesgo en contextos de desastre, a partir del análisis del caso Otis.

Preguntas de investigación

  • ¿Cómo se percibió y narró el riesgo antes, durante y después del huracán Otis?
  • ¿Qué papel jugaron las herramientas digitales e inteligencias artificiales en la comunicación del desastre?
  • ¿De qué modo las narrativas simbólicas, comunitarias e institucionales condicionaron la reacción social?

Justificación

El estudio busca contribuir a una comprensión más integral de la gestión de riesgos en América Latina, superando el paradigma tecnocrático e incorporando dimensiones simbólicas, culturales y éticas. Frente a la creciente digitalización de la comunicación —y su aparente deshumanización—, urge revalorizar el papel de la palabra encarnada, del lenguaje que consuela, orienta y moviliza. En contextos de crisis, comunicar bien es proteger mejor.

2. Marco teorico- conceptual

La percepción social del riesgo: subjetiva, simbólica y cultural

La percepción del riesgo no es un simple reflejo de datos objetivos. Como lo ha señalado Ulrich Beck en La sociedad del riesgo, vivimos en un tiempo en que los peligros ya no son únicamente naturales ni externos, sino que son el resultado de decisiones humanas y estructuras tecnológicas que generan incertidumbre. En ese contexto, la percepción del riesgo se vuelve tan importante como su medición, porque es ella la que condiciona las acciones colectivas, las respuestas institucionales y la resiliencia comunitaria.

Desde un enfoque sociocultural, el riesgo es una construcción simbólica que depende del entorno, de la historia colectiva, de los medios y del lenguaje. Así lo han propuesto autores como Mary Douglas y Aaron Wildavsky, al mostrar que diferentes culturas no evalúan los mismos riesgos del mismo modo, ni otorgan igual peso a la amenaza tecnológica, ambiental o social. El riesgo, entonces, se interpreta, se siente, se narra.

El caso Otis: entre la certeza científica y el vacío simbólico

En Acapulco, el huracán Otis demostró que la brecha entre la advertencia técnica y la reacción social puede tener consecuencias fatales. Muchos habitantes no evacuaron ni se prepararon adecuadamente, no por negligencia, sino porque el mensaje no les habló desde su experiencia vivida. No bastó con la escala Saffir-Simpson ni con los boletines oficiales. Faltaron imágenes, metáforas, relatos que anclaran el riesgo en su cotidianidad.

Este desfase se explica por la falta de integración entre ciencia y cultura, entre lógica y emoción. Si la alerta no logra tocar el imaginario ni resonar con las memorias sociales del desastre, difícilmente será efectiva. La gestión del riesgo, por tanto, no puede ser solo ingeniería y protocolos: debe ser también comunicación profunda, reconocimiento de la subjetividad, respeto al temor comunitario.

La comunicación como puente

En esta perspectiva, el riesgo deja de ser una cifra abstracta y se convierte en una pregunta colectiva: “¿Qué puede pasarme a mí y a los míos?” La comunicación estratégica del riesgo tiene la tarea —difícil pero necesaria— de traducir la amenaza técnica al lenguaje simbólico de la comunidad. Y en este puente, el uso de metáforas, testimonios, imágenes culturales y narrativas afectivas se vuelve crucial.

Como señala Paul Slovic, la percepción del riesgo suele estar más determinada por factores afectivos que por datos racionales. Por eso, el reto no es solo transmitir información, sino generar sentido. Donde hay sentido, hay posibilidad de acción. Donde no lo hay, solo queda parálisis o negación.

3. La comunicación de riesgos como narrativa: metáforas, emociones y decisiones

La comunicación de riesgos no es un ejercicio puramente informativo, sino profundamente narrativo. Implica contar el riesgo de manera que este sea entendido, sentido y creído. Aquí entran en juego no solo los datos técnicos, sino las metáforas, los marcos culturales y las emociones colectivas.

Metáforas que activan la conciencia

Como explicó Paul Ricoeur en La metáfora viva, las metáforas no solo adornan el discurso, sino que abren mundos posibles. En contextos de desastre, decir “se avecina una bomba de agua” o “el cielo se va a romper sobre nosotros” puede tener más impacto en la población que señalar una “categoría 5 en la escala Saffir-Simpson”. Las metáforas tienen la capacidad de activar imágenes mentales y provocar decisiones, sobre todo en poblaciones que no se manejan con lenguaje técnico.

Durante el paso del huracán Otis, se evidenció una ausencia crítica de narrativas movilizadoras. Las autoridades repitieron datos duros, pero no supieron tocar el corazón del mensaje: que el peligro era inminente, brutal y que había que actuar ya. No hubo una voz narrativa que encarnara el riesgo en algo tangible, temible y real para el ciudadano común.

Emoción como motor de decisión

La psicología del riesgo, desde autores como Paul Slovic o Matthew Seeger, ha mostrado que las personas deciden en función de lo que sienten más que de lo que saben. El miedo, la angustia, la desconfianza o la experiencia previa influyen más que una infografía con porcentajes. Por ello, la gestión de riesgos debe incluir emociones como parte de la estrategia comunicativa, sin caer en el pánico, pero tampoco en el tecnicismo estéril.

Los mensajes exitosos durante crisis (como campañas de salud pública, alertas sísmicas o evacuaciones) suelen ser aquellos que conjugan empatía, claridad y urgencia emocional. Las plataformas digitales e incluso la IA pueden colaborar en esto, pero solo si son dirigidas por criterios éticos y culturales que respeten la sensibilidad de la audiencia.

IA y narrativas de riesgo

Las nuevas herramientas tecnológicas, especialmente los sistemas de inteligencia artificial pueden ayudar a detectar patrones de reacción, ajustar mensajes en tiempo real y prevenir desinformación. Sin embargo, como advertía Jorge Alberto Hidalgo en su ensayo, la IA no ha vivido la guerra interior que implica perderlo todo. Puede decir “lo siento”, pero no comprende el abismo que hay detrás de una alerta ignorada o de una casa destruida.

Por eso, el rol humano sigue siendo insustituible: necesitamos comunicadores, líderes comunitarios y autoridades capaces de construir narrativas creíbles, afectivas y culturalmente significativas. En este punto, la ética, el lenguaje y la antropología del riesgo deben ser pilares de cualquier protocolo.

4. Inteligencia artificial y comunicación estratégica: promesas, dilemas y límites éticos

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta emergente en la comunicación de riesgos y desastres, prometiendo mayor rapidez, personalización de mensajes y análisis predictivo. Sin embargo, su uso en contextos de alta vulnerabilidad exige una evaluación crítica desde la ética del cuidado, la justicia comunicacional y la sensibilidad sociocultural.

Promesas: detección temprana y personalización

La IA permite analizar grandes volúmenes de datos en tiempo real: imágenes satelitales, métricas de redes sociales, sensores urbanos, reportes meteorológicos. Esta capacidad mejora los sistemas de alerta temprana, como ya ocurre en aplicaciones sísmicas y meteorológicas en países como México o Colombia.

Además, mediante algoritmos de procesamiento del lenguaje natural (NLP), la IA puede segmentar audiencias, adaptar mensajes a diferentes niveles de alfabetización y traducir alertas en tiempo real. Esto representa una oportunidad valiosa para llegar a comunidades históricamente desatendidas o que utilizan lenguas originarias.

Dilemas: desinformación algorítmica y desplazamiento de responsabilidades

Uno de los mayores riesgos en la aplicación de inteligencia artificial en contextos de crisis es la automatización de decisiones sin una sensibilidad ética adecuada. Los algoritmos, aunque eficientes, pueden reproducir y amplificar estereotipos, excluir a poblaciones que no están representadas en los datos, o privilegiar la rapidez por encima de la empatía. Un ejemplo significativo ocurrió durante la pandemia, cuando diversos sistemas de detección masiva fueron implementados sin considerar los contextos culturales y sociales específicos, lo que provocó resistencia y desconfianza en amplios sectores de la población.

También existe el riesgo de delegar en la IA lo que debe ser una función humana: comunicar con responsabilidad, atender con empatía, decidir con criterio. El diseño tecnológico debe estar al servicio de las personas, no reemplazar el juicio humano en momentos críticos.

Límites éticos y epistemológicos

Desde la perspectiva de Ulrich Beck y su concepto de riesgo fabricado, la IA no es solo herramienta, sino nuevo actor de gobernanza del riesgo. Esto obliga a revisar quién diseña los sistemas, con qué datos, bajo qué intereses. Como lo advertía Jorge A. Hidalgo: una IA puede simular lenguaje humano, pero no ha atravesado la guerra interna del dolor ni conoce el silencio después del desastre.

Matthew Seeger destaca que la tecnología solo fortalece la comunicación de crisis cuando es integrada dentro de marcos éticos sólidos, con participación comunitaria y transparencia. De lo contrario, puede profundizar las brechas de información, confianza y justicia.

5. El caso Otis: fallas narrativas, percepciones sociales y ausencia de gobernanza comunicativa

El huracán Otis, que impactó Acapulco en octubre de 2023, se convirtió en un paradigma del colapso comunicacional en contextos de alta vulnerabilidad y exposición urbana. Más allá de la devastación física, el desastre reveló fracturas en la gestión simbólica del riesgo y en la construcción pública del acontecimiento. En este caso, lo que falló no fue solo la infraestructura: falló también la narrativa oficial, la comunicación preventiva y el acompañamiento posdesastre.

Silencio anticipado: el riesgo no anunciado

A pesar de contar con tecnología meteorológica y alertas internacionales, el fenómeno fue subestimado por las autoridades, que no comunicaron con la urgencia, claridad ni transparencia necesarias. Se trató como una tormenta tropical, cuando en realidad pasó de categoría 1 a 5 en menos de 12 horas, lo que en términos de percepción colectiva impidió la preparación ciudadana.

Esta omisión encaja con lo que Beck denomina una “negación del riesgo fabricado”, donde el peligro no es desconocido, sino deliberadamente minimizado por razones políticas o logísticas. La falta de un discurso preventivo robusto dejó a miles de personas sin posibilidad de anticiparse.

La narrativa rota: entre la incredulidad y el abandono

La ausencia de un mensaje estratégico y empático en los primeros momentos tras el desastre generó vacíos de sentido que fueron rápidamente ocupados por rumores, desinformación en redes sociales y narrativas emocionales surgidas desde la propia ciudadanía. Esta falta de comunicación clara y oportuna alimentó una percepción generalizada de abandono institucional, intensificada por la lentitud en la llegada de ayuda y la ausencia visible del liderazgo político durante las primeras horas de la emergencia.

Esta falta de presencia simbólica del Estado rompió la confianza social en los canales oficiales de información. En términos de Luhmann, se rompió la “confianza estructural” que permite que los ciudadanos crean que la información oficial es oportuna y veraz. En cambio, se generó una comunicación basada en el miedo, la autogestión y la viralización de contenidos sin verificación.

Gobernanza comunicativa ausente

El caso Otis mostró que la gestión del riesgo no puede reducirse a infraestructura física o protocolos técnicos, sino que requiere una gobernanza comunicativa: es decir, una estrategia discursiva, ética y cultural que acompañe a las personas antes, durante y después del desastre.

La ausencia de una narrativa institucional sólida abrió paso al protagonismo ciudadano en redes sociales, pero sin articulación ni coordinación. Se mostró así la debilidad institucional del Estado frente a su propia ciudadanía conectada. No se trató solo de una falla tecnológica, sino de una falla de escucha, de presencia simbólica y de pedagogía del riesgo.

6. Propuesta de lineamientos éticos y comunicacionales para fortalecer la percepción pública del riesgo en contextos urbanos

En ciudades complejas como Acapulco, Ciudad de México o Medellín, la percepción del riesgo no se construye únicamente por el peligro físico, sino por la forma en que el discurso institucional lo nombra, lo representa y lo enfrenta. Una adecuada gobernanza del riesgo implica una comunicación estratégica con base ética, capaz de generar confianza, sentido de corresponsabilidad y acción informada.

 1. Ética de la comunicación del riesgo: no se comunica solo lo que se sabe, sino lo que se cuida

Siguiendo a Emmanuel Lévinas, comunicar el riesgo debe ser entendido como un acto de hospitalidad hacia el otro, una forma de cuidar la vida del prójimo. Esto implica:

  • Decir la verdad aunque sea incómoda.
  • No maquillar el peligro por razones políticas.
  • Comunicar desde la vulnerabilidad compartida, no desde la superioridad técnica.

Comunicar el riesgo no es solo “advertir”: es acompañar al otro en la incertidumbre, es ayudarlo a decidir con libertad y dignidad ante un peligro.

6.2. Lineamientos estratégicos

A partir de los aprendizajes derivados del caso del Huracán Otis, así como del análisis de sus implicaciones comunicacionales, se proponen los siguientes lineamientos estratégicos para fortalecer la gestión del riesgo desde una perspectiva ética, culturalmente situada y centrada en las personas.

 

Eje

Lineamiento propuesto

Justificación

Transparencia

Emisión oportuna y clara de información, aunque no sea completa.

En contextos de desastre, el silencio institucional amplifica la ansiedad colectiva.

Lenguaje accesible

Traducción de términos técnicos a mensajes significativos culturalmente.

La gente no responde a “categoría 3”, pero sí a “es muy peligroso, resguárdate ya”.

Multicanalidad

Uso simultáneo de radio, WhatsApp, televisión, redes y perifoneo comunitario.

Cada segmento urbano accede a canales distintos. La redundancia salva vidas.

Cuidado emocional

Incorporar mensajes empáticos, de validación emocional y orientación psicosocial.

La gestión del riesgo también es gestión del trauma.

Participación comunitaria

Co-construcción de mensajes con líderes barriales, iglesias, escuelas, etc.

A mayor apropiación local del mensaje, mayor impacto y acción.

 

6.3 Caso de estudio: Huracán Otis como espejo de una comunicación fallida

El huracán Otis fue el fenómeno climático más sorpresivo y devastador del Pacífico mexicano en décadas. Pasó de tormenta tropical a categoría 5 en menos de 12 horas y golpeó a Acapulco sin que la ciudadanía tuviera tiempo ni claridad para prepararse. Más allá de su potencia física, Otis desnudó una profunda crisis en la percepción del riesgo y en la comunicación institucional:

  • Fallas éticas: No se comunicó con la urgencia ni claridad necesarias. El lenguaje oficial minimizó el peligro hasta último momento, priorizando el control político sobre el cuidado ciudadano.
  • Déficit cultural: El mensaje no fue traducido al lenguaje simbólico y emocional de las comunidades urbanas populares. No hubo resonancia.
  • Vacíos tecnológicos: No se aprovechó ninguna plataforma basada en inteligencia artificial para alertar, segmentar audiencias o monitorear el pánico digital.
  • Consecuencias sociales: Miles de personas quedaron expuestas, desinformadas y solas. La percepción de abandono fue más fuerte que el viento.

Otis nos enseña que la comunicación del riesgo no puede seguir siendo vertical, técnica y reactiva. Debe ser horizontal, narrativa y anticipatoria.

6.4. Inteligencia Artificial: ¿una aliada o un simulacro?

La inteligencia artificial puede potenciar los sistemas de comunicación temprana, el análisis de rumores, la segmentación de públicos y las respuestas automatizadas. Sin embargo, si se implementa sin una orientación ética, sin atención al contexto cultural y sin mecanismos claros de rendición de cuentas, corre el riesgo de convertirse en un simulacro vacío o incluso en un agente que amplifica la desinformación...

Una máquina puede detectar patrones, pero no percibe el miedo. Puede emitir alertas, pero no consolar a una madre. La ética no se programa: se encarna.

Por ello, cualquier uso de IA en comunicación de riesgo debe tener siempre supervisión humana, protocolos éticos y una perspectiva de derechos humanos.

6.5 Caso de referencia: Medellín y la pedagogía del riesgo en zonas de ladera

A diferencia del caso de Otis en Acapulco, Medellín ha apostado en la última década por una gestión del riesgo centrada en la participación comunitaria, la cultura ciudadana y la comunicación preventiva, especialmente en sectores vulnerables como las comunas 1, 8 y 13.

Fortalezas del modelo Medellín:

  • Mapeo participativo del riesgo: Las comunidades elaboran sus propios mapas de riesgo con apoyo técnico, lo cual incrementa la apropiación y la percepción del riesgo real.
  • Redes de alertas tempranas con base barrial: Se instalan sensores para monitorear lluvias y movimientos de tierra, pero lo más importante es que se activan por medio de mensajes claros, previamente ensayados con líderes comunitarios.
  • Lenguaje simbólico y emocional: Las campañas usan arte urbano, teatro callejero y lenguaje local para reforzar los mensajes de prevención, integrando la cultura popular al discurso técnico.
  • Programas educativos sostenidos: A través de las “Escuelas de Gestión del Riesgo” se educa a niños y jóvenes en resiliencia, primeros auxilios y percepción de amenazas.

Lecciones para Acapulco y otras ciudades mexicanas:

  • No basta con tener tecnología; es necesario traducirla culturalmente.
  • La percepción del riesgo mejora cuando las comunidades son protagonistas y no solo receptoras pasivas.
  • La confianza institucional se construye desde la presencia territorial y el respeto a las formas locales de habitar el peligro.

 

6.6 Caso de referencia: Ciudad de México y la paradoja de la alarma sísmica

En Ciudad de México, la alarma sísmica es uno de los sistemas de alerta temprana más conocidos del continente. Sin embargo, su uso ha revelado una paradoja en la percepción del riesgo:

  • Cuando suena y no tiembla, crece el escepticismo.
  • Cuando tiembla y no suena, crece la desconfianza.
  • Y cuando ambas cosas coinciden, muchos aún no reaccionan con eficacia.

Retos identificados:

  • Fatiga informativa: Repetidos simulacros o falsas alarmas pueden banalizar el mensaje.
  • Desigualdad tecnológica: No todos los sectores de la ciudad escuchan la alarma al mismo tiempo o en la misma forma (altavoces, apps, radio).
  • Lenguaje despersonalizado: La comunicación oficial muchas veces suena automatizada, fría o distante.
  • Déficit emocional: Los mensajes no validan el miedo, la ansiedad ni el trauma post-sismo.

Buenas prácticas emergentes:

  • Alerta sísmica multicanal: Integración de apps móviles como SkyAlert o SASSLA, que permiten notificaciones personalizadas.
  • Educación comunitaria descentralizada: Talleres barriales con enfoque emocional y pedagógico.
  •  Campañas con arte urbano y testimonios reales: Pintas, murales y podcasts que recuperan las voces de quienes vivieron el 19S (1985 y 2017).
  •  Comunicación con rostro humano: Nuevas estrategias desde Protección Civil y organizaciones civiles donde la figura del comunicador no es solo técnica, sino también empática.

Lecciones clave para el fortalecimiento de la percepción del riesgo:

  • La confianza no nace de la tecnología sola, sino del vínculo emocional con quien comunica.
  • La percepción del riesgo no se construye en el momento del desastre, sino antes, desde la pedagogía urbana cotidiana.
  • La ética de la comunicación implica no minimizar la experiencia vivida, sino reconocerla y resignificarla.

 

6.7 Comparativo de casos: aprendizajes desde Acapulco, Medellín y Ciudad de México

Estos tres casos muestran que la percepción pública del riesgo no se modifica solo con datos, sino con discursos éticos, empáticos y culturalmente resonantes. La gestión del riesgo en entornos urbanos no debe limitarse a emitir alertas, sino a cultivar confianza, reforzar la memoria colectiva y acompañar la toma de decisiones desde un enfoque humano y justo.

El futuro de la comunicación de riesgos no está únicamente en la inteligencia artificial, sino en la inteligencia ética y comunitaria que guíe su uso responsable.

 

7. Conclusiones preliminares hacia un artículo científico doctoral sobre percepción y gestión del riesgo

7.1. La gestión de riesgos no es solo técnica, sino profundamente simbólica, ética y comunicacional

El análisis de los tres foros, así como del caso del huracán Otis en Acapulco, confirma que la gestión del riesgo no puede reducirse a protocolos técnicos ni a predicciones estadísticas. La percepción del riesgo es una construcción social compleja, modelada por factores como la memoria colectiva, la legitimidad institucional, las narrativas mediáticas y la emocionalidad colectiva.

En el caso Otis, la ausencia de una narrativa pública clara, culturalmente significativa y emocionalmente cuidadosa agravó la vulnerabilidad de la población, revelando que:

  • Percepción sin confianza = negación o parálisis social.
  • Gestión sin comunicación ética = tecnocracia desconectada de la comunidad.

Por tanto, se requiere una gobernanza comunicacional del riesgo, donde el discurso institucional actúe no solo como transmisor de datos, sino como puente de cuidado, corresponsabilidad y movilización social.

7.2. La inteligencia artificial plantea desafíos éticos inéditos en la comunicación del riesgo

La IA aplicada a contextos de desastre tiene el potencial de fortalecer alertas tempranas, análisis predictivos, segmentación de públicos y contención de rumores. Sin embargo, su uso sin supervisión humana ni marco ético puede convertirse en un simulacro de comunicación, donde se emiten alertas pero no se genera confianza, y se distribuye información sin comprensión emocional ni cultural.

Una máquina puede detectar patrones, pero no consolar a una madre. Puede emitir alertas, pero no generar confianza.

Por ello, proponemos un modelo de “inteligencia aumentada con ética aplicada”, es decir: tecnología al servicio de la vida, acompañada por seres humanos capaces de comunicar desde la vulnerabilidad compartida, la empatía y el cuidado.

7.3. Hacia una nueva epistemología del riesgo: el riesgo como experiencia integral

El presente análisis sugiere la necesidad de una epistemología del riesgo ampliada, que articule cinco dimensiones interdependientes:

  • El riesgo como realidad física (evento natural o antrópico).
  • El riesgo como experiencia emocional (miedo, negación, trauma).
  • El riesgo como construcción cultural (símbolos, narrativas, creencias).
  • El riesgo como problema político (invisibilización, desigualdad, poder).
  • El riesgo como relato mediático (agenda, encuadre, visibilidad).

Desde esta perspectiva, la percepción del riesgo no se corrige: se comprende y se cuida. No basta con comunicar probabilidades. Hay que convocar desde la esperanza, la solidaridad y la corresponsabilidad social.

8. Bibliografía

  1. Beck, U. (1992). La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad. Paidós.
  2. Douglas, M. (1996). Cómo piensan las instituciones. Gedisa.
  3. Luhmann, N. (1991). Sociología del riesgo. Anthropos.
  4. Slovic, P. (2000). The perception of risk. Earthscan.
  5. Seeger, M. W. (2006). Best practices in crisis communication: An expert panel process. Journal of Applied Communication Research, 34(3), 232–244.
  6. Ricoeur, P. (1975). La metáfora viva. Fondo de Cultura Económica.
  7. Steiner, G. (1975). Después de Babel: Aspectos del lenguaje y la traducción. FCE.
  8. Lévinas, E. (1993). Ética e infinito. Ediciones Cátedra.
  9. Zambrano, M. (1977). Claros del bosque. Siruela.
  10. Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Alianza Editorial.
  1. UNDRR – United Nations Office for Disaster Risk Reduction. (2022). Global Assessment Report on Disaster Risk Reduction.
  1. CONAGUA / Protección Civil México. (2023). Informe especial: Huracán Otis. Secretaría de Gobernación.
  1. González, A. & Valderrama, J. (2020). Comunicación del riesgo y gestión de desastres: Retos en contextos urbanos latinoamericanos. Revista Latinoamericana de Comunicación, 34(2), 89–110
  2. Hidalgo Toledo, J. A. (2024). Lenguaje y guerra interior: entre Wittgenstein, Borges y las máquinas sin alma. Human & Nonhuman Communication Lab, Facultad de Comunicación, Universidad Anáhuac México.

 

9. Anexos

9.1. Instrumentos aplicados

Para el análisis del caso del huracán Otis en Acapulco, se empleó una metodología mixta con tres herramientas principales:

a) Encuesta digital autoadministrada
Aplicada a 150 habitantes de Acapulco entre enero y marzo de 2024. Objetivo: conocer percepciones ciudadanas sobre la comunicación de riesgos, recepción de mensajes, nivel de confianza y rol de la inteligencia artificial. Se utilizó una escala tipo Likert, preguntas abiertas y de opción múltiple.

b) Entrevistas semiestructuradas
Se realizaron 12 entrevistas a profundidad con actores clave: periodistas locales, funcionarios de protección civil, líderes comunitarios, psicólogos y desarrolladores de tecnología de alerta. Las entrevistas se enfocaron en identificar fallas comunicacionales, experiencias vividas y aprendizajes desde lo institucional y comunitario.

c) Análisis de contenido de medios y plataformas digitales
Se recolectaron más de 50 mensajes institucionales difundidos antes, durante y después del impacto del huracán Otis. Se analizaron con base en categorías: claridad del lenguaje, tono emocional, canal de difusión, inclusión de metáforas, enfoque en la población vulnerable y uso de IA. Las fuentes incluyeron medios oficiales, cuentas gubernamentales, comunicados y aplicaciones de alerta.

9.2. Gráficas y visualización de resultados

  • Distribución de confianza en canales de comunicación:
    • 18% confía más en la IA que en medios tradicionales o comunitarios.

    • 64% recibió alguna alerta digital, pero el 40% no le dio prioridad.

 

  • Efectividad percibida de los mensajes:
    • Los mensajes técnicos fueron considerados “repetitivos y vacíos”.

 

 

    • Frases como “extreme precauciones” o manténgase informado” resultaron ineficaces para movilizar.
  • Acceso desigual a tecnología:
    • Alta dependencia de radio, redes familiares y comunicación oral en sectores vulnerables.
    • IA no alcanzó comunidades marginadas con conectividad limitada.

 

9.3. Ejemplos de mensajes institucionales analizados

Mensaje 1:

“Huracán Otis categoría 5. Extremadamente peligroso. Manténgase informado por canales oficiales.”
 Observación:
Uso de tecnicismos sin traducción cultural. No genera orientación directa ni conexión emocional.

Mensaje 2:

Les pedimos estar alertas. Estamos trabajando para protegerlos.”
 Observación:
Mensaje vago y centrado en el rol de la autoridad, sin convocar a corresponsabilidad ciudadana.

Mensaje 3 (IA / Sistema de alerta automática):

“ALERTA: Vientos fuertes y lluvias intensas. Riesgo alto. Refúgiese inmediatamente.”
 Observación:
Mensaje directo y útil en lo inmediato, pero sin contexto local ni acompañamiento psicoemocional. Fue replicado de manera automática en múltiples plataformas.

Mensaje 4 (red comunitaria):

“Vecinos: no esperen más. Este huracán es real. Si pueden, vayan al refugio del CETMAR. Está abierto.”
 Observación
: Comunicación desde el territorio, con lenguaje empático, directo y culturalmente anclado. Alta efectividad local.

Estos mensajes fueron contrastados con el discurso ciudadano, que exigía información más concreta, emocionalmente significativa y contextualizada. La evaluación semiótica demostró que la ausencia de metáforas vivas y lenguaje narrativo afectó negativamente la movilización y percepción de urgencia.

 

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