"Lenguaje, riesgo y algoritmos: la
comunicación de desastres en la era de la inteligencia artificial. Análisis del
caso Huracán Otis en Acapulco"
Materia: Dinámicas Socioculturales y
Comunicación Estratégica en la Gestión de Riesgos
Prof.
Alumno: Mtro.
Índice
1. Resumen / Abstract
2. Introducción
3. Marco teórico-conceptual
4. Análisis del caso: Huracán Otis en Acapulco
(2023)
5. Resultados y hallazgos del estudio
6. Propuesta de lineamientos éticos y comunicacionales
7. Conclusiones y recomendaciones
8. Referencias bibliográficas
9. Anexos
9.1. Instrumentos
aplicados
9.2. Gráficas y
visualización de resultados
9.3. Ejemplos de
mensajes institucionales analizados
Resumen (Abstract):
Este
artículo analiza el papel de la inteligencia artificial (IA) en la comunicación
de riesgos y desastres, tomando como estudio de caso el huracán Otis en
Acapulco (2023). Desde una perspectiva sociocultural y hermenéutica, se
examinan las tensiones entre tecnología, lenguaje y percepción social del
riesgo. A través de una metodología mixta —que integra análisis de contenido,
entrevistas semiestructuradas, encuestas y revisión crítica del discurso
institucional— se demuestra que, aunque la IA puede optimizar los procesos
comunicativos en emergencias, también puede amplificar desigualdades, generar
desconfianza o vaciar de sentido los mensajes si se utiliza al margen del
contexto cultural y ético. Se concluye que una comunicación de riesgo efectiva
en la era algorítmica debe ser técnica y encarnada: centrada en las personas,
sostenida por el cuidado, y capaz de convocar tanto a la acción como a la
esperanza compartida.
1. Introducción
Palabras para no rendirse: percepción,
narrativas y resiliencia en la comunicación de riesgos
El caso del huracán Otis y la inteligencia
artificial en tiempos de incertidumbre
En el corazón de la gestión
del riesgo no se encuentra únicamente la capacidad técnica de medir variables
ni la eficiencia institucional para activar protocolos. Allí, en el centro
invisible y a menudo subestimado de toda política de protección, está la percepción
del riesgo: un entramado de símbolos, miedos, memorias y narrativas que
configuran la manera en que los sujetos y las comunidades viven, interpretan y
responden a las amenazas. No basta con alertar: es necesario que el mensaje
toque el nervio de la experiencia humana.
El huracán Otis, que devastó
Acapulco en octubre de 2023, no solo puso en evidencia las fallas estructurales
en los sistemas de prevención y respuesta; también expuso una grieta más
profunda: la brecha entre el lenguaje institucional y el lenguaje del dolor,
entre la estadística y el miedo real. En este contexto, la irrupción de la
inteligencia artificial como herramienta de comunicación representa tanto una
promesa como un riesgo: ¿puede una máquina entender lo que significa perderlo
todo en una noche? ¿Puede optimizar la alerta sin vaciarla de humanidad?
Este artículo analiza cómo la
percepción social del riesgo, las narrativas mediáticas y el uso emergente de
inteligencia artificial configuran la comunicación de riesgos y desastres
en América Latina, tomando como caso el huracán Otis. Se parte de la premisa de
que el riesgo no es solo una categoría objetiva, sino también una construcción
social, cultural y lingüística. De ahí que la gestión de riesgos requiera tanto
mapas como metáforas.
Objetivo general
·
Explorar de qué forma la inteligencia
artificial y las estrategias narrativas influyen en la percepción y gestión del
riesgo en contextos de desastre, a partir del análisis del caso Otis.
Preguntas de investigación
- ¿Cómo
se percibió y narró el riesgo antes, durante y después del huracán Otis?
- ¿Qué
papel jugaron las herramientas digitales e inteligencias artificiales en
la comunicación del desastre?
- ¿De
qué modo las narrativas simbólicas, comunitarias e institucionales
condicionaron la reacción social?
Justificación
El estudio busca contribuir a
una comprensión más integral de la gestión de riesgos en América Latina,
superando el paradigma tecnocrático e incorporando dimensiones simbólicas,
culturales y éticas. Frente a la creciente digitalización de la comunicación —y
su aparente deshumanización—, urge revalorizar el papel de la palabra
encarnada, del lenguaje que consuela, orienta y moviliza. En contextos de
crisis, comunicar bien es proteger mejor.
2. Marco teorico- conceptual
La percepción social del riesgo: subjetiva,
simbólica y cultural
La percepción del riesgo no es
un simple reflejo de datos objetivos. Como lo ha señalado Ulrich Beck en La
sociedad del riesgo, vivimos en un tiempo en que los peligros ya no son
únicamente naturales ni externos, sino que son el resultado de decisiones
humanas y estructuras tecnológicas que generan incertidumbre. En ese contexto,
la percepción del riesgo se vuelve tan importante como su medición, porque es
ella la que condiciona las acciones colectivas, las respuestas institucionales
y la resiliencia comunitaria.
Desde un enfoque
sociocultural, el riesgo es una construcción simbólica que depende del
entorno, de la historia colectiva, de los medios y del lenguaje. Así lo han
propuesto autores como Mary Douglas y Aaron Wildavsky, al mostrar que
diferentes culturas no evalúan los mismos riesgos del mismo modo, ni otorgan
igual peso a la amenaza tecnológica, ambiental o social. El riesgo, entonces, se
interpreta, se siente, se narra.
El caso Otis: entre la certeza científica y el
vacío simbólico
En Acapulco, el huracán Otis
demostró que la brecha entre la advertencia técnica y la reacción social puede
tener consecuencias fatales. Muchos habitantes no evacuaron ni se prepararon
adecuadamente, no por negligencia, sino porque el mensaje no les habló desde
su experiencia vivida. No bastó con la escala Saffir-Simpson ni con los
boletines oficiales. Faltaron imágenes, metáforas, relatos que anclaran el
riesgo en su cotidianidad.
Este desfase se explica por la
falta de integración entre ciencia y cultura, entre lógica y emoción. Si la
alerta no logra tocar el imaginario ni resonar con las memorias sociales del
desastre, difícilmente será efectiva. La gestión del riesgo, por tanto, no
puede ser solo ingeniería y protocolos: debe ser también comunicación
profunda, reconocimiento de la subjetividad, respeto al temor comunitario.
La comunicación como puente
En esta perspectiva, el riesgo
deja de ser una cifra abstracta y se convierte en una pregunta colectiva: “¿Qué
puede pasarme a mí y a los míos?” La comunicación estratégica del riesgo tiene
la tarea —difícil pero necesaria— de traducir la amenaza técnica al lenguaje
simbólico de la comunidad. Y en este puente, el uso de metáforas,
testimonios, imágenes culturales y narrativas afectivas se vuelve crucial.
Como señala Paul Slovic, la
percepción del riesgo suele estar más determinada por factores afectivos que
por datos racionales. Por eso, el reto no es solo transmitir información,
sino generar sentido. Donde hay sentido, hay posibilidad de acción.
Donde no lo hay, solo queda parálisis o negación.
3. La comunicación de riesgos como narrativa:
metáforas, emociones y decisiones
La comunicación de riesgos no
es un ejercicio puramente informativo, sino profundamente narrativo. Implica
contar el riesgo de manera que este sea entendido, sentido y creído.
Aquí entran en juego no solo los datos técnicos, sino las metáforas, los
marcos culturales y las emociones colectivas.
Metáforas que activan la conciencia
Como explicó Paul Ricoeur en La
metáfora viva, las metáforas no solo adornan el discurso, sino que abren
mundos posibles. En contextos de desastre, decir “se avecina una
bomba de agua” o “el cielo se va a romper sobre nosotros”
puede tener más impacto en la población que señalar una “categoría 5 en la
escala Saffir-Simpson”. Las metáforas tienen la capacidad de activar
imágenes mentales y provocar decisiones, sobre todo en poblaciones que no
se manejan con lenguaje técnico.
Durante el paso del huracán
Otis, se evidenció una ausencia crítica de narrativas movilizadoras. Las
autoridades repitieron datos duros, pero no supieron tocar el corazón del
mensaje: que el peligro era inminente, brutal y que había que actuar ya. No
hubo una voz narrativa que encarnara el riesgo en algo tangible, temible y real
para el ciudadano común.
Emoción como motor de decisión
La psicología del riesgo,
desde autores como Paul Slovic o Matthew Seeger, ha mostrado que las
personas deciden en función de lo que sienten más que de lo que saben. El
miedo, la angustia, la desconfianza o la experiencia previa influyen más que
una infografía con porcentajes. Por ello, la gestión de riesgos debe incluir emociones
como parte de la estrategia comunicativa, sin caer en el pánico, pero
tampoco en el tecnicismo estéril.
Los mensajes exitosos durante
crisis (como campañas de salud pública, alertas sísmicas o evacuaciones) suelen
ser aquellos que conjugan empatía, claridad y urgencia emocional. Las
plataformas digitales e incluso la IA pueden colaborar en esto, pero solo si
son dirigidas por criterios éticos y culturales que respeten la sensibilidad de
la audiencia.
IA y narrativas de riesgo
Las nuevas herramientas
tecnológicas, especialmente los sistemas de inteligencia artificial pueden
ayudar a detectar patrones de reacción, ajustar mensajes en tiempo
real y prevenir desinformación. Sin embargo, como advertía Jorge
Alberto Hidalgo en su ensayo, la IA no ha vivido la guerra interior que
implica perderlo todo. Puede decir “lo siento”, pero no comprende el
abismo que hay detrás de una alerta ignorada o de una casa destruida.
Por eso, el rol humano sigue
siendo insustituible: necesitamos comunicadores, líderes comunitarios y
autoridades capaces de construir narrativas creíbles, afectivas y culturalmente
significativas. En este punto, la ética, el lenguaje y la antropología del
riesgo deben ser pilares de cualquier protocolo.
4. Inteligencia artificial y comunicación
estratégica: promesas, dilemas y límites éticos
La inteligencia artificial
(IA) se ha convertido en una herramienta emergente en la comunicación de
riesgos y desastres, prometiendo mayor rapidez, personalización de mensajes y
análisis predictivo. Sin embargo, su uso en contextos de alta vulnerabilidad
exige una evaluación crítica desde la ética del cuidado, la justicia
comunicacional y la sensibilidad sociocultural.
Promesas: detección temprana y personalización
La IA permite analizar grandes
volúmenes de datos en tiempo real: imágenes satelitales, métricas de redes
sociales, sensores urbanos, reportes meteorológicos. Esta capacidad mejora
los sistemas de alerta temprana, como ya ocurre en aplicaciones sísmicas y
meteorológicas en países como México o Colombia.
Además, mediante algoritmos de
procesamiento del lenguaje natural (NLP), la IA puede segmentar audiencias,
adaptar mensajes a diferentes niveles de alfabetización y traducir alertas en
tiempo real. Esto representa una oportunidad valiosa para llegar a comunidades
históricamente desatendidas o que utilizan lenguas originarias.
Dilemas: desinformación algorítmica y
desplazamiento de responsabilidades
Uno de los mayores riesgos en
la aplicación de inteligencia artificial en contextos de crisis es la
automatización de decisiones sin una sensibilidad ética adecuada. Los
algoritmos, aunque eficientes, pueden reproducir y amplificar estereotipos,
excluir a poblaciones que no están representadas en los datos, o privilegiar la
rapidez por encima de la empatía. Un ejemplo significativo ocurrió durante la
pandemia, cuando diversos sistemas de detección masiva fueron implementados sin
considerar los contextos culturales y sociales específicos, lo que provocó
resistencia y desconfianza en amplios sectores de la población.
También existe el riesgo de delegar
en la IA lo que debe ser una función humana: comunicar con responsabilidad,
atender con empatía, decidir con criterio. El diseño tecnológico debe estar al
servicio de las personas, no reemplazar el juicio humano en momentos críticos.
Límites éticos y epistemológicos
Desde la perspectiva de Ulrich
Beck y su concepto de riesgo fabricado, la IA no es solo
herramienta, sino nuevo actor de gobernanza del riesgo. Esto obliga a
revisar quién diseña los sistemas, con qué datos, bajo qué intereses.
Como lo advertía Jorge A. Hidalgo: una IA puede simular lenguaje humano,
pero no ha atravesado la guerra interna del dolor ni conoce el silencio después
del desastre.
Matthew Seeger destaca que la
tecnología solo fortalece la comunicación de crisis cuando es integrada
dentro de marcos éticos sólidos, con participación comunitaria y
transparencia. De lo contrario, puede profundizar las brechas de información,
confianza y justicia.
5. El caso Otis: fallas narrativas,
percepciones sociales y ausencia de gobernanza comunicativa
El huracán Otis, que impactó
Acapulco en octubre de 2023, se convirtió en un paradigma del colapso
comunicacional en contextos de alta vulnerabilidad y exposición urbana. Más
allá de la devastación física, el desastre reveló fracturas en la gestión
simbólica del riesgo y en la construcción pública del acontecimiento. En este
caso, lo que falló no fue solo la infraestructura: falló también la narrativa
oficial, la comunicación preventiva y el acompañamiento posdesastre.
Silencio anticipado: el riesgo no anunciado
A pesar de contar con
tecnología meteorológica y alertas internacionales, el fenómeno fue subestimado
por las autoridades, que no comunicaron con la urgencia, claridad ni
transparencia necesarias. Se trató como una tormenta tropical, cuando en
realidad pasó de categoría 1 a 5 en menos de 12 horas, lo que en
términos de percepción colectiva impidió la preparación ciudadana.
Esta omisión encaja con lo que
Beck denomina una “negación del riesgo fabricado”, donde el peligro no
es desconocido, sino deliberadamente minimizado por razones políticas o
logísticas. La falta de un discurso preventivo robusto dejó a miles de personas
sin posibilidad de anticiparse.
La narrativa rota: entre la incredulidad y el
abandono
La ausencia de un mensaje
estratégico y empático en los primeros momentos tras el desastre generó vacíos
de sentido que fueron rápidamente ocupados por rumores, desinformación en redes
sociales y narrativas emocionales surgidas desde la propia ciudadanía. Esta
falta de comunicación clara y oportuna alimentó una percepción generalizada de
abandono institucional, intensificada por la lentitud en la llegada de ayuda y
la ausencia visible del liderazgo político durante las primeras horas de la
emergencia.
Esta falta de presencia
simbólica del Estado rompió la confianza social en los canales oficiales de
información. En términos de Luhmann, se rompió la “confianza estructural”
que permite que los ciudadanos crean que la información oficial es oportuna y
veraz. En cambio, se generó una comunicación basada en el miedo, la autogestión
y la viralización de contenidos sin verificación.
Gobernanza comunicativa ausente
El caso Otis mostró que la
gestión del riesgo no puede reducirse a infraestructura física o protocolos
técnicos, sino que requiere una gobernanza comunicativa: es decir, una
estrategia discursiva, ética y cultural que acompañe a las personas antes,
durante y después del desastre.
La ausencia de una narrativa
institucional sólida abrió paso al protagonismo ciudadano en redes sociales,
pero sin articulación ni coordinación. Se mostró así la debilidad
institucional del Estado frente a su propia ciudadanía conectada. No se
trató solo de una falla tecnológica, sino de una falla de escucha, de presencia
simbólica y de pedagogía del riesgo.
6. Propuesta de lineamientos éticos y
comunicacionales para fortalecer la percepción pública del riesgo en contextos
urbanos
En ciudades complejas como
Acapulco, Ciudad de México o Medellín, la percepción del riesgo no se construye
únicamente por el peligro físico, sino por la forma en que el discurso
institucional lo nombra, lo representa y lo enfrenta. Una adecuada
gobernanza del riesgo implica una comunicación estratégica con base ética,
capaz de generar confianza, sentido de corresponsabilidad y acción informada.
1. Ética
de la comunicación del riesgo: no se comunica solo lo que se sabe, sino lo que
se cuida
Siguiendo a Emmanuel Lévinas,
comunicar el riesgo debe ser entendido como un acto de hospitalidad hacia el
otro, una forma de cuidar la vida del prójimo. Esto implica:
- Decir
la verdad aunque sea incómoda.
- No
maquillar el peligro por razones políticas.
- Comunicar
desde la vulnerabilidad compartida, no desde la superioridad técnica.
Comunicar el riesgo no es solo
“advertir”: es acompañar al otro en la incertidumbre, es ayudarlo a
decidir con libertad y dignidad ante un peligro.
6.2. Lineamientos estratégicos
A partir de los aprendizajes
derivados del caso del Huracán Otis, así como del análisis de sus implicaciones
comunicacionales, se proponen los siguientes lineamientos estratégicos para
fortalecer la gestión del riesgo desde una perspectiva ética, culturalmente
situada y centrada en las personas.
|
Eje |
Lineamiento propuesto |
Justificación |
|
Transparencia |
Emisión oportuna y clara de información, aunque no sea
completa. |
En contextos de desastre, el silencio institucional
amplifica la ansiedad colectiva. |
|
Lenguaje accesible |
Traducción de términos técnicos a mensajes significativos
culturalmente. |
La gente no responde a “categoría 3”, pero sí a “es muy
peligroso, resguárdate ya”. |
|
Multicanalidad |
Uso simultáneo de radio, WhatsApp, televisión, redes y
perifoneo comunitario. |
Cada segmento urbano accede a canales distintos. La
redundancia salva vidas. |
|
Cuidado emocional |
Incorporar mensajes empáticos, de validación emocional y
orientación psicosocial. |
La gestión del riesgo también es gestión del trauma. |
|
Participación comunitaria |
Co-construcción de mensajes con líderes barriales,
iglesias, escuelas, etc. |
A mayor apropiación local del mensaje, mayor impacto y
acción. |
6.3 Caso de estudio: Huracán Otis como espejo
de una comunicación fallida
El huracán
Otis fue el fenómeno climático más sorpresivo y devastador del Pacífico
mexicano en décadas. Pasó de tormenta tropical a categoría 5 en menos de 12
horas y golpeó a Acapulco sin que la ciudadanía tuviera tiempo ni claridad para
prepararse. Más allá de su potencia física, Otis desnudó una profunda crisis en
la percepción del riesgo y en la comunicación institucional:
- Fallas
éticas: No se comunicó con la urgencia ni claridad
necesarias. El lenguaje oficial minimizó el peligro hasta último momento,
priorizando el control político sobre el cuidado ciudadano.
- Déficit
cultural: El mensaje no fue traducido al lenguaje
simbólico y emocional de las comunidades urbanas populares. No hubo
resonancia.
- Vacíos
tecnológicos: No se aprovechó ninguna plataforma basada
en inteligencia artificial para alertar, segmentar audiencias o monitorear
el pánico digital.
- Consecuencias
sociales: Miles de personas quedaron expuestas,
desinformadas y solas. La percepción de abandono fue más fuerte que el
viento.
Otis nos enseña que la
comunicación del riesgo no puede seguir siendo vertical, técnica y reactiva.
Debe ser horizontal, narrativa y anticipatoria.
6.4. Inteligencia Artificial: ¿una aliada o un
simulacro?
La inteligencia artificial
puede potenciar los sistemas de comunicación temprana, el análisis de rumores,
la segmentación de públicos y las respuestas automatizadas. Sin embargo, si se
implementa sin una orientación ética, sin atención al contexto cultural y sin
mecanismos claros de rendición de cuentas, corre el riesgo de convertirse en un
simulacro vacío o incluso en un agente que amplifica la desinformación...
Una máquina puede detectar patrones, pero no percibe el
miedo. Puede emitir alertas, pero no consolar a una madre. La ética no se
programa: se encarna.
Por ello, cualquier uso de IA
en comunicación de riesgo debe tener siempre supervisión humana,
protocolos éticos y una perspectiva de derechos humanos.
6.5 Caso de referencia: Medellín y la pedagogía
del riesgo en zonas de ladera
A diferencia del caso de Otis en Acapulco, Medellín ha
apostado en la última década por una gestión del riesgo centrada en la
participación comunitaria, la cultura ciudadana y la comunicación preventiva,
especialmente en sectores vulnerables como las comunas 1, 8 y 13.
Fortalezas del modelo Medellín:
- Mapeo
participativo del riesgo: Las comunidades
elaboran sus propios mapas de riesgo con apoyo técnico, lo cual incrementa
la apropiación y la percepción del riesgo real.
- Redes
de alertas tempranas con base barrial: Se instalan
sensores para monitorear lluvias y movimientos de tierra, pero lo más
importante es que se activan por medio de mensajes claros, previamente
ensayados con líderes comunitarios.
- Lenguaje
simbólico y emocional: Las campañas usan arte urbano,
teatro callejero y lenguaje local para reforzar los mensajes de
prevención, integrando la cultura popular al discurso técnico.
- Programas
educativos sostenidos: A través de las “Escuelas de
Gestión del Riesgo” se educa a niños y jóvenes en resiliencia, primeros
auxilios y percepción de amenazas.
Lecciones para Acapulco y otras ciudades
mexicanas:
- No
basta con tener tecnología; es necesario traducirla culturalmente.
- La
percepción del riesgo mejora cuando las comunidades son protagonistas y no
solo receptoras pasivas.
- La
confianza institucional se construye desde la presencia territorial y el
respeto a las formas locales de habitar el peligro.
6.6 Caso de referencia: Ciudad de México y la
paradoja de la alarma sísmica
En Ciudad de México, la alarma sísmica es uno de los
sistemas de alerta temprana más conocidos del continente. Sin embargo, su uso
ha revelado una paradoja en la percepción del riesgo:
- Cuando
suena y no tiembla, crece el escepticismo.
- Cuando
tiembla y no suena, crece la desconfianza.
- Y
cuando ambas cosas coinciden, muchos aún no reaccionan con
eficacia.
Retos identificados:
- Fatiga
informativa: Repetidos simulacros o falsas alarmas
pueden banalizar el mensaje.
- Desigualdad
tecnológica: No todos los sectores de la ciudad
escuchan la alarma al mismo tiempo o en la misma forma (altavoces, apps,
radio).
- Lenguaje
despersonalizado: La comunicación oficial muchas veces
suena automatizada, fría o distante.
- Déficit
emocional: Los mensajes no validan el miedo, la
ansiedad ni el trauma post-sismo.
Buenas prácticas emergentes:
- Alerta
sísmica multicanal:
Integración de apps móviles como SkyAlert o SASSLA, que permiten
notificaciones personalizadas.
- Educación
comunitaria descentralizada: Talleres barriales con
enfoque emocional y pedagógico.
- Campañas con arte urbano y
testimonios reales: Pintas, murales y podcasts que recuperan las
voces de quienes vivieron el 19S (1985 y 2017).
- Comunicación con rostro humano:
Nuevas estrategias desde Protección Civil y organizaciones civiles donde
la figura del comunicador no es solo técnica, sino también empática.
Lecciones clave para el fortalecimiento de la
percepción del riesgo:
- La
confianza no nace de la tecnología sola, sino del vínculo emocional con
quien comunica.
- La
percepción del riesgo no se construye en el momento del desastre, sino antes,
desde la pedagogía urbana cotidiana.
- La
ética de la comunicación implica no minimizar la experiencia vivida,
sino reconocerla y resignificarla.
6.7
Comparativo de casos: aprendizajes desde Acapulco, Medellín y Ciudad de México
Estos tres casos muestran que la
percepción pública del riesgo no se modifica solo con datos, sino con discursos
éticos, empáticos y culturalmente resonantes. La gestión del riesgo en
entornos urbanos no debe limitarse a emitir alertas, sino a cultivar
confianza, reforzar la memoria colectiva y acompañar la toma de
decisiones desde un enfoque humano y justo.
El futuro de la comunicación
de riesgos no está únicamente en la inteligencia artificial, sino en la
inteligencia ética y comunitaria que guíe su uso responsable.
7. Conclusiones preliminares hacia un artículo
científico doctoral sobre percepción y gestión del riesgo
7.1. La
gestión de riesgos no es solo técnica, sino profundamente simbólica, ética y
comunicacional
El análisis de los tres foros,
así como del caso del huracán Otis en Acapulco, confirma que la gestión del
riesgo no puede reducirse a protocolos técnicos ni a predicciones estadísticas.
La percepción del riesgo es una construcción social compleja, modelada por
factores como la memoria colectiva, la legitimidad institucional, las
narrativas mediáticas y la emocionalidad colectiva.
En el caso Otis, la ausencia
de una narrativa pública clara, culturalmente significativa y emocionalmente
cuidadosa agravó la vulnerabilidad de la población, revelando que:
- Percepción
sin confianza = negación o parálisis social.
- Gestión
sin comunicación ética = tecnocracia desconectada de la comunidad.
Por tanto, se requiere una
gobernanza comunicacional del riesgo, donde el discurso institucional actúe no
solo como transmisor de datos, sino como puente de cuidado, corresponsabilidad
y movilización social.
7.2. La inteligencia artificial plantea
desafíos éticos inéditos en la comunicación del riesgo
La IA aplicada a contextos de
desastre tiene el potencial de fortalecer alertas tempranas, análisis
predictivos, segmentación de públicos y contención de rumores. Sin embargo, su
uso sin supervisión humana ni marco ético puede convertirse en un simulacro de
comunicación, donde se emiten alertas pero no se genera confianza, y se
distribuye información sin comprensión emocional ni cultural.
Una máquina puede detectar
patrones, pero no consolar a una madre. Puede emitir alertas, pero no generar
confianza.
Por ello, proponemos un modelo
de “inteligencia aumentada con ética aplicada”, es decir: tecnología al
servicio de la vida, acompañada por seres humanos capaces de comunicar desde la
vulnerabilidad compartida, la empatía y el cuidado.
7.3.
Hacia una nueva epistemología del riesgo: el riesgo como experiencia integral
El presente análisis sugiere
la necesidad de una epistemología del riesgo ampliada, que articule cinco
dimensiones interdependientes:
- El
riesgo como realidad física (evento natural o
antrópico).
- El
riesgo como experiencia emocional (miedo, negación,
trauma).
- El
riesgo como construcción cultural (símbolos, narrativas,
creencias).
- El
riesgo como problema político (invisibilización,
desigualdad, poder).
- El
riesgo como relato mediático (agenda, encuadre,
visibilidad).
Desde esta perspectiva, la
percepción del riesgo no se corrige: se comprende y se cuida. No basta con
comunicar probabilidades. Hay que convocar desde la esperanza, la solidaridad y
la corresponsabilidad social.
8.
Bibliografía
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modernidad. Paidós.
- Douglas,
M. (1996). Cómo piensan las instituciones.
Gedisa.
- Luhmann,
N. (1991). Sociología del riesgo. Anthropos.
- Slovic, P. (2000). The perception of risk. Earthscan.
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communication: An expert panel process. Journal
of Applied Communication Research, 34(3), 232–244.
- Ricoeur,
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- Steiner,
G. (1975). Después de Babel: Aspectos del lenguaje y
la traducción. FCE.
- Lévinas,
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- Zambrano,
M. (1977). Claros del bosque. Siruela.
- Castells,
M. (2009). Comunicación y poder. Alianza
Editorial.
- UNDRR – United Nations Office for Disaster Risk
Reduction. (2022). Global
Assessment Report on Disaster Risk Reduction.
- CONAGUA
/ Protección Civil México. (2023). Informe
especial: Huracán Otis. Secretaría de Gobernación.
- González,
A. & Valderrama, J. (2020). Comunicación
del riesgo y gestión de desastres: Retos en contextos urbanos
latinoamericanos. Revista Latinoamericana de Comunicación,
34(2), 89–110
- Hidalgo
Toledo, J. A. (2024). Lenguaje y guerra interior:
entre Wittgenstein, Borges y las máquinas sin alma. Human &
Nonhuman Communication Lab, Facultad de Comunicación, Universidad Anáhuac
México.
9. Anexos
9.1. Instrumentos aplicados
Para el análisis del caso del huracán Otis en Acapulco, se
empleó una metodología mixta con tres herramientas principales:
a) Encuesta digital autoadministrada
Aplicada
a 150 habitantes de Acapulco entre enero y marzo de 2024. Objetivo: conocer
percepciones ciudadanas sobre la comunicación de riesgos, recepción de
mensajes, nivel de confianza y rol de la inteligencia artificial. Se utilizó
una escala tipo Likert, preguntas abiertas y de opción múltiple.
b) Entrevistas semiestructuradas
Se
realizaron 12 entrevistas a profundidad con actores clave: periodistas locales,
funcionarios de protección civil, líderes comunitarios, psicólogos y
desarrolladores de tecnología de alerta. Las entrevistas se enfocaron en
identificar fallas comunicacionales, experiencias vividas y aprendizajes desde
lo institucional y comunitario.
c) Análisis de contenido de medios y
plataformas digitales
Se
recolectaron más de 50 mensajes institucionales difundidos antes, durante y
después del impacto del huracán Otis. Se analizaron con base en categorías:
claridad del lenguaje, tono emocional, canal de difusión, inclusión de
metáforas, enfoque en la población vulnerable y uso de IA. Las fuentes
incluyeron medios oficiales, cuentas gubernamentales, comunicados y
aplicaciones de alerta.
9.2. Gráficas y visualización de resultados
- Distribución
de confianza en canales de comunicación:
- 18%
confía más en la IA que en medios tradicionales o comunitarios.
- 64%
recibió alguna alerta digital, pero el 40% no le dio prioridad.
- Efectividad
percibida de los mensajes:
- Los
mensajes técnicos fueron considerados “repetitivos y vacíos”.
- Frases
como “extreme precauciones” o “manténgase informado”
resultaron ineficaces para movilizar.
- Acceso
desigual a tecnología:
- Alta
dependencia de radio, redes familiares y comunicación oral en sectores
vulnerables.
- IA
no alcanzó comunidades marginadas con conectividad limitada.
9.3. Ejemplos de mensajes institucionales
analizados
Mensaje 1:
“Huracán Otis categoría 5. Extremadamente
peligroso. Manténgase informado por canales oficiales.”
Observación: Uso de
tecnicismos sin traducción cultural. No genera orientación directa ni conexión
emocional.
Mensaje 2:
“Les pedimos estar alertas. Estamos
trabajando para protegerlos.”
Observación: Mensaje
vago y centrado en el rol de la autoridad, sin convocar a corresponsabilidad
ciudadana.
Mensaje 3 (IA / Sistema de alerta automática):
“ALERTA: Vientos fuertes y lluvias intensas.
Riesgo alto. Refúgiese inmediatamente.”
Observación: Mensaje
directo y útil en lo inmediato, pero sin contexto local ni acompañamiento
psicoemocional. Fue replicado de manera automática en múltiples plataformas.
Mensaje 4 (red comunitaria):
“Vecinos: no esperen más. Este huracán es real.
Si pueden, vayan al refugio del CETMAR. Está abierto.”
Observación: Comunicación
desde el territorio, con lenguaje empático, directo y culturalmente anclado.
Alta efectividad local.
Estos mensajes fueron
contrastados con el discurso ciudadano, que exigía información más concreta,
emocionalmente significativa y contextualizada. La evaluación semiótica
demostró que la ausencia de metáforas vivas y lenguaje narrativo afectó
negativamente la movilización y percepción de urgencia.
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